Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

miércoles, 18 de abril de 2018

PARADA Y FONDA.



A veces, algunas veces, no demasiadas ciertamente, encontramos a alguien que, sin saber por qué, no tiene carácter de parada y fonda en el camino de la vida –de  nuestra vida– entonces  y solo entonces, retomamos propósitos y proyectos de futuro para compartirlos; deshacemos el hatillo de búsquedas y deseos, dejamos que el sentimiento invada la estancia y nos instalamos en él. Hemos encontrado nuestra otra mitad.


Aquel loco de Bénedek explicaba, entre otras cosas, que en un principio no hubo en el mundo sino el “fango original”. Y en aquel “fango original” vivían unos seres muy extraños mitad varón y mitad hembra. Entonces apareció de pronto entre ellos el dios del “fango original”, llamado Taráfaga, quien dividió en dos con su larga y aguda espada a esos seres de dos sexos y los obligó a separarse.

Desde entonces, varón y hembra viven en dos cuerpos distintos. Aquellos seres partidos en dos se dispersaron y no cesan de buscarse, con aquella terrible herida que les llega desde la punta de la cabeza hasta el talón, anhelando reunirse de nuevo, derramando sangre y exhalando terribles quejas. Esa búsqueda, esa ansia y añoranza de uno y otro es el amor.
Algo flota sobre el agua Lajos Zhilahy pág. 65-66.

Ocurre con demasiada frecuencia que arrastrados por el entusiasmo no profundizamos lo suficiente como para darnos cuenta que la ubicación del otro es provisional, las puertas del refugio no quedaron cerradas del todo y pasado un tiempo las pretendidas verdades, la comunión, el entusiasmo salen empujadas por la corriente de la convivencia; olvidamos el hatillo y salimos de puntillas dejando junto al café sin apurar, los apuros de una quimera que se vistió de amor; atrapados y ligeros de equipaje huimos de la estancia. Atrás, desparramados, quedan proyectos compartidos, besos, caricias y promesas que no eran sino palabras. Se impone marchar, de noche o de madrugada, como furtivos, sin recoger nada. Entonces solo entonces, volvemos al laberinto de nuestra soledad.




viernes, 13 de abril de 2018

CON LAS NIEVES DE ABRIL…



Suspicaz ella, incrédula con los Meteosat, la ciudad se ha visto sorprendida por la nieve. Los coches, demasiado juntos en las avenidas, fuerzan guiños naranjas y rojos; por las calles, la urgencia, la compra distendida, el trote incansable de los niños, el paso indolente del jubilado y la zancada ausente del parado se ponen a cubierto en portalones y grandes almacenes. Un bolso previsor, da a luz a un paraguas “low cost” retráctil que –figura de vanguardia– encuentra cobijo en la papelera cercana.

La nieve, telón a veces blanco a veces gris difumina todo: el bar del barrio con olor a fritanga; la esquina donde se cambian billetes por la papelina salvadora; el pórtico de la iglesia ocupado por beatas de misa y telenovela; el porche del local en traspaso decorado con cartones y trapos de “Desi”, el sin techo. En la línea difusa de la calle, destellos verde ámbar y rojo con vocación de señal se hacen intento bajo el inesperado manto. A penas hay un respiro, la gente sale con prisa, no se sabe si en vano intento de buscar al Sol, si huyendo de la ciudad misma, si en busca del tiempo perdido, o de socorro para su atuendo.

Nieva en abril y la primavera, sorprendida, busca ponerse a salvo bajo los tejos del parque entre discretos gorriones y desaseadas palomas. Al desasosiego de infraestructuras, calles y edificios al que llamamos ciudad: luminoso en la mañana, ruboroso en la tarde, misterioso en la noche, con las nieves de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le saldrán.

martes, 10 de abril de 2018

ROMANTICISMO Y DISTOPÍA. AKÚSIDE de Ángel Vallecillo.



El jardín de las delicias (El Bosco 1490-1500)

A veces, algunas veces, el objetivo es romper con los esquemas establecidos. El Romanticismo lo hizo defendiendo lo fantasioso, novelesco e irreal como herramienta de insatisfacción ante un mundo que frenaba sus ansias amorosas, sociales o patrióticas. Para ello volvió al pasado histórico con interpretaciones diferentes en función de la perspectiva: unos añoraban la edad heroica en la que dominaban los principios; para otros, el escenario debía ser la batalla en pro de un destino libre y feliz. El rechazo a modos y maneras anteriores llevó a los románticos a evadirse de sus circunstancias imaginando épocas pasadas en las que “sus” ideas prevalecieran sobre los demás interceptando la trayectoria de Ilustración y Neoclasicismo con nuevos esquemas que, a pesar de la repulsa inicial, acabaron imponiéndose al rebelarse contra en despotismo ilustrado del XVIII.

A veces, algunas veces, con mejor o peor resultado, hay que romper con lo establecido.

Centrados ya en Akúside, procede hablar de la distopía (imagen  de una sociedad futura negativa en sí misma habitualmente presentada mediante cine, novela o serie de televisión) tomando como base la contraportada de la lectura de este mes: “Ángel Vallecillo regresa a la novela invertebrada y distópica…”; una novela difícil tal vez, imposible no, que recuerda en lo cinematográfico a La naranja mecánica de Stanley Kubrick; La carretera protagonizada por Viggo Mortensen y si retrocedemos más a Metrópoli de 1927 (muda); ninguna de ellas preferida –según mi vara de medir– por  el gran público (y no me refiero al de la telerrealidad). No en la misma línea, pero, sí en lo desconcertante, la novela de Ángel Vallecillo me hace pensar en Ensayo sobre la ceguera de Saramago. Akúside, distanciándose mucho más que los románticos parte de un pasado prehistórico para intentar alcanzar la utopía negativa de un país autárquico en el que también “sus” ideas prevalezcan sobre los demás.

Dicen los críticos que Akúside transluce los nacionalismos de la reciente historia española; el propio autor manifiesta: "es el reverso de Euskadi". Aun habiendo vivido de cerca el fenómeno terrorista la narración se hace compleja al lector en significados y personajes. No es fácil –a mi juicio– a través de ella llegar a saber lo que ocurrió en los cincuenta años de Euskadi Ta Askatasuna ni el porqué del apoyo social que obtuvo. Puede ser, no lo discuto, una manera vanguardista de contar que, como el Romanticismo en su tiempo, acabe imponiéndose en este nuestro.

A veces, algunas veces, con mejor o peor resultado, hay que romper con lo establecido. Difícil sí, imposible, no.   

lunes, 2 de abril de 2018

REVOLUCIÓN o AFÁN DE PODER.



Revolución o afán de poder es la primera de las incógnitas que se plantea ante la propuesta –generalmente por la fuerza– de un cambio profundo en las estructuras de cualquier sociedad. Sus promotores son tenidos por héroes o villanos dependiendo del lado de la balanza en que esté situada la opinión. Nos pareció oportuna para cerrar el ciclo de Juana I de Castilla hacer, siquiera de pasada, una mención al alzamiento de las comunidades castellanas.

Uno de los primeros apuntes para enjuiciar el suceso, debe ser la característica de extranjero de Carlos I. Otra el ansia de riquezas de flamencos y partidarios de Felipe «el Hermoso» –incluido don Juan Manuel– acaudillados por Chièvres, que tomaron Castilla como el botín a conseguir. De otro lado, nombrado Carlos I emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico, este priorizó los asuntos del Imperio sobre los de España que  relegada a segundo término tuvo que sufragar el costoso viaje del Emperador con “el impuesto castellano”.

Al quedar vacante por la muerte de Cisneros la silla arzobispal de Toledo fue adjudicada a un sobrino (de apenas dieciocho años)  de Chièvres. La ciudad, ofendida por la imposición del flamenco niño arzobispo, el mal gobierno y por ver como la Corte fue trasladada a Valladolid y luego a Zaragoza y Barcelona, fue la primera en alzarse seguida de Madrid, Cuenca y la meseta norte contra Carlos I que, no obstante realizó su viaje para recibir el cargo de Emperador, dejando atrás un auténtico avispero social.

Nada es verdad ni es mentira. Cierto como en todos los conflictos, que se cometieron algunos desmanes (la cólera siempre supera a la ley), pero hay razones para pensar que los Comuneros lucharon por el bien de la colectividad. Los desaciertos iniciales de Carlos I; su juventud; el abuso de los consejeros flamencos; la indiferencia de doña Juana, llevaron a las comunidades de Castilla a tratar de poner coto a el autoritarismo del rey.

Entiendo que se puede catalogar la rebelión como el inicio de la democracia en España. 
  
Imagen: Ejecución de los comuneros de Castilla, óleo sobre lienzo de Antonio Gisbert (1860):

Juan de Padilla escucha los consuelos de un fraile dominico que señala con sus manos al cielo. Resignado mira el cuerpo degollado de su compañero Juan Bravo, cuyas manos están siendo desatadas por uno de los verdugos mientras que otro muestra al pueblo la cabeza del ajusticiado. Francisco Maldonado, asciende  al patíbulo acompañado  de otro fraile que sostiene un crucifijo.

martes, 27 de marzo de 2018

APARECE CARLOS I. La cautiva de Tordesillas, de Manuel Fernández Álvarez.



El lector que interesado y curioso acude a Tordesillas para documentarse en el lugar mismo donde Juana de Castilla lloró su abandono, lo encuentra hoy ocupado por bloques de viviendas y plaza con estatua. El nuevo trazado entre la iglesia de San Antolín y el convento de Santa Clara donde se ubicaba la residencia real, construida por Enrique III (1379-1406) y mandada derribar por Carlos III (1716-1778)  ni siquiera respetó el perfil primitivo de la manzana.

Contemplando como único recurso la maqueta del palacio, el viajero retrocede en el tiempo hasta  el atardecer invernal del 4 de noviembre de 1517 en que Carlos y Leonor entraron en el salón del viejo palacio. Con tres reverencias y el besamanos como prescribía el protocolo se acercaron a doña Juana que deslumbrada por los hachones entornaba los ojos intentando reconocer a los hijos que doce años antes había dejado en Flandes con cinco y siete años. Acostumbrada ya a la luz, la Reina sonríe, evita el besamanos y abraza a sus hijos:

-      ¡Hijos míos! ¡Cuánto tiempo! ¡Qué guapos estáis!

Leonor, entre lágrimas miraba a Catalina asustada por su aspecto: una saya de paño, una zamarra de cuero y por todo adorno, un pañuelo blanco en la cabeza más próximo a la indumentaria de una aldeana que al de una princesa. Fuerte contraste con su vestido púrpura de generoso escote y cuajado de brocados.

Carlos se dirige (en francés) a su madre:

-      Vuestros hijos vienen a besar la mano a la Reina, su madre.

Doña Juana ahoga un sollozo y puesta más en Reina:

-      ¡Hijos! Viniendo de tan lejos habéis de estar fatigados, retiraos a descansar.

Carlos y Leonor tras las muestras de respeto y reverencias protocolarias propias de la corte se retiran a sus aposentos.

El viajero sale de las Casas del Tratado hacia San Antolín, atrás queda la maqueta de ese gran desconocido, el Palacio Real. En el recuerdo una cita:

... su vida [de doña Juana] era tal y el atavío y ropas de su vestir tan pobres y extraños y diferentes de su dignidad...[1]


[1]NICOMEDES SANZ Y RUIZ DE LA PEÑA, Doña Juana I de Castilla: la reina que enloqueció de amor, (1939).

lunes, 26 de marzo de 2018

DE NATURAL INCRÉDULO.



Soy de natural incrédulo. Dudo sobre si la sangre se altera en determinadas estaciones del año; presumo, probablemente sin razón, de que más allá del incordio de actualizar relojes, el cambio de hora no me afecta; pero algo debe pasar, porque hace unos días estoy más inclinado a la reflexión, más propenso al agradecimiento por el amanecer de cada día; por el amor que, involuntario antes de conocido, hipoteca voluntariamente dos vidas sin estrépito ni gestos desmesurados con paz y equilibrio. Ya sé. Me vas a decir que no es fácil, te concedo el beneficio de la duda, pero, es posible, si los dos anteponen el sueño hermoso de la paz y la libertad, al vértigo, la competencia y la discordia de la vida.

Dos no riñen si uno no quiere –dice el refrán ya en desuso– y no le falta razón y está en lo cierto cuando uno pone más que otro. Hoy quiero aportar algo al refrán, propongo sustituir “uno” por “dos”. Ya sé que es un axioma; también puede ser un objetivo.

“Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras, compartir con los vivos un vaso de vino o un trozo de pan, acordarse con orgullo de la lección de los muertos, no permitir que nos humillen o nos engañen, no contestar que sí ni que no sin haber contado antes hasta cien como hacía el Pato Donald... Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar... y vivir es reírse...”
Carmen Martín Gaite

El otro –yo, gracias– mejora con la entereza del uno. Remando en tu misma dirección soy ahora más fuerte aunque de natural incrédulo: no es cierto que ayer domingo 25 tuviera una hora menos, los muy taimados la han escondido y la sacarán cuando interese.  

miércoles, 21 de marzo de 2018

A LA LUZ DE LA ICONOGRAFÍA. La cautiva de Tordesillas, de Manuel Fernández Álvarez.


Pintura, música, teatro y cine han divulgado per se, la presunta locura de amor de Juana I de Castilla. Tal vez fueran los pintores del movimiento romántico quienes contribuyeron a ello con mayor eficacia. Lo truculento y melodramático “cala” con más facilidad que lo real histórico. Francisco Pradilla con Doña Juana ante el féretro (1877) y La Reina recluida (1906) es el más significado, pero, ya antes Steuben (1836), Gallait (1856), Maureta (1858), Vallés (1866) y Rodríguez Losada (1868), retrataron a la reina junto al cadáver de Felipe «el Hermoso». Una ópera en cuatro actos: La Loca de Gian Carlo Menotti (1979), Locura de amor obra teatral de Manuel Tamayo (1855), película de igual título de Juan de Orduña (1948), otra de Vicente Aranda: Juana la loca (2001), promocionaron la leyenda de amor, pasión y celos de Juana I de Castilla.

En el siglo XIX el arte trató de mostrar la locura de doña Juana; en el XX los estudiosos acudieron al diagnóstico: alteración de la personalidad y contacto erróneo con la realidad. La verdad está por descubrir, nos queda la suposición en función de la percepción que cada uno tenga de la tragedia de la reina que no reinó.

Puestos a ello, quiero pensar, a la luz de la pintura de Louis Gallait Jeanne la Folle representando a doña Juana y don Felipe idealizados ambos, ella con la mirada fija en el rostro de su marido muerto y en la parte baja del cuadro un detalle significativo: el cetro caído, yace al pie de la cama: todo un símbolo. Quiero pensar –decía– contemplando el cetro, en la problemática de la soberanía femenina.

Las reinas lejos de gobernar por derecho propio eran objeto de alianzas para unir reinos y asegurar la continuidad de herederos masculinos. En el caso del reino «católico» la desaparición primero del príncipe don Juan, después la princesa Isabel y posteriormente el hijo de esta el príncipe don Miguel, dejó la sucesión de Castilla y Aragón en manos de la princesa Juana, que aun viuda, tenía todo el derecho hereditario a su favor. Pero era mujer y sola. Ya desde su estancia en Borgoña, recién casada, los sirvientes que cuidaban de ella dependían de su marido. Muerto este, los consejeros de Felipe continuaban dirigiéndola. Fernando su padre, y Carlos su hijo intentaron (y consiguieron) controlar la casa de la reina quedando Juana incapaz de dirigir a sus sirvientes. La ecuación estaba resuelta: manifestada la incapacidad de gobernar su casa y dado su proceder aleatorio no era apta para gobernar sus reinos.

A la luz del cetro caído que yace al pie de la cama, veo una reina víctima o heroína, a la que los suyos consiguieron gobernar. La tragedia de Juana es la tragedia de sus reinos.