Reflexión

Cuando se tienen problemas de comprensión e ignorancia hay que resolverlos con lecturas nuevas y apropiadas. (Miguel Delibes).

miércoles, 18 de octubre de 2017

DESENGAÑOS AMOROSOS


Desengaño.- “Quitar esperanzas e ilusiones” (Acepción 2 DLE).

No descubro nada al afirmar que gran parte del éxito de la comedia y novela del XVII se fundamentaba en “el final feliz”. Tales obras tenían a juicio de los moralistas poca finalidad ejemplar y mucho de complacencia al vulgo, razón por la cual fue suspendida la concesión de licencias para imprimir de 1625 a 1634. María de Zayas (o más bien su editor) salvado ya (1637) este periodo utiliza el término «novela», posiblemente por razones comerciales, en la portada de la primera serie pero cambia el concepto en el interior: “contasen dos maravillas que con ese nombre quiso desempalagar al vulgo de las novelas…,”. Lo cortés no quita lo valiente y así la segunda parte se intitula: Desengaños amorosos huyendo desde la portada del tópico de la felicidad necesaria y del malhadado término.

Parece interesante una consideración: de las veinte obras contenidas en Novelas, y Desengaños, solo cinco terminan en matrimonio de los protagonistas principales: El imposible vencido, El juez de su causa, La burlada Aminta, El desengaño amando y Al fin se paga todo. En las tres últimas la boda tiene lugar con un segundo pretendiente tras el desengaño con el primero. En Novelas el resto de protagonistas termina huyendo, o buscando la forja de su seguridad entre los muros de un convento. En Desengaños y de ahí la referencia al DEL, nadie se salva. Las diez novelas se cierran con la muerte o ingreso en un convento de sus protagonistas.

El amor con el añadido de cierto contenido erótico (silo XVII) leitmotiv de Novelas, y Desengaños, muestra a la mujer como un ser pasional, fiel, con gran sentimiento del honor y frágil ante la promesa de matrimonio, en tanto que el hombre solo busca el deseo, que, una vez satisfecho le causa hastío.

El grito de María de Zayas tiene, a mi juicio, un propósito, «sí ejemplar» en el sentido de reivindicar la honra de la mujer tratada como objeto por el sexo opuesto, opuesto también a la igualdad cultural  y mostrar cómo incluso el adulterio en la mujer (en el hombre carecía de consecuencias) puede, en determinados casos no ser sino una apariencia equivocada:

¡Ay hombres! Y ¿por qué, siendo hechos de la misma masa y trabazón que nosotras, no teniendo más nuestra alma que vuestra alma, nos tratáis como si fuéramos hechas de otra pasta, sin que os obliguen los beneficios que desde el nacer al morir os hacemos? (Desengaños, pág., 51).

María de Zayas –entiendo– busca dejar constancia de como la mujer de su tiempo pertenece a un grupo sometido, observante y resignado que en consecuencia padece la injusticia de una serie de condicionantes sociales. Por la magia de la lectura pretende la comunión de las féminas uniéndose a ellas para, sino poner coto, si remediar la injusticia.


En este contexto entiendo el mensaje de Novelas y Desengaños.

martes, 17 de octubre de 2017

OCTAVO ANIVERSARIO: CON LA DEBIDA PUESTA A PUNTO.


Estoy sentado aquí de celebración en un restaurante de “cocina castellana con un toque canalla”, me acompañan una copa de buen Ribera y una tapa de diseño. El ambiente, también es de diseño: mobiliario de palés reciclados, paredes recubiertas con dovelas de cubas y luz, mucha luz. De camino me hago acompañar de Machado, siempre llevo en el móvil algún «podcast» al que recurrir cuando las musas no me son propicias.

Todo pasa y todo queda: nos levantamos cada mañana envejecidos un día más y el perfecto mecanismo del corazón sigue su ritmo a pesar del estrés, el tiempo y los achaques, todo pasa; invariablemente muchas cosas quedan e incluso pueden mejorar con el tiempo y la debida puesta a punto.

Hace algún tiempo en «este» lugar, Manoli regentaba el bar de su padre con mesas de mármol, partidas vespertinas de dominó y mus y «chatitos»[1] de a 55 cts., (de los de entonces), sobre uno de esos mármoles  con un café -ya pagado en euros- nació (octubre 2009) El Alfoz. Tiempo atrás la plaza con nombre de político y fuente en el centro presumía de castañera «la Loren», limpiabotas «Beni, el mago del lustre» y niños que rompían cristales con una pelota de goma errante e irrecuperable.

Los momentos vividos, por insignificantes que sean, son tan importantes como el mejor de los noticiarios porque son la noticia de nuestra vida. A veces cuando escribimos, intentamos llenar de esplendor el relato olvidando lo cotidiano: las persianas con grafitis, el sex shop del rincón de la calle, el vecino «marchoso» luciendo bermudas, sandalias y calcetín negro o la madre con hiyab a la salida del colegio; que son la vida misma.

Nunca perseguí la gloria, pero sin ella y con el ánimo que aportan los que me visitan intentaré a pesar del tiempo y los achaques cumplir como el bar de Manoli algunos años más, eso sí, con la debida puesta a punto –susurra  a mi oído El Alfoz.

 -Diles algo a ellos –respondí bajito– es tu «cumple».
-“Gracias por vuestra visita, uno también tiene su corazoncito”.
-“Un abrazo”.

Decididamente atacaré la tapa de diseño aun a riesgo de romper su encanto.

Tapa cedida por: El 51 del Sol.


[1] Coloquialmente, en las tabernas, vaso bajo y ancho de vino o de otra bebida.

sábado, 14 de octubre de 2017

UNA PÁGINA MÁS Y...,V


“De camino si no te importa, se ha hecho tarde”.

De camino las palabras discurrieron por la torrentera de una conversación urgente, carente de tiempo para reproducir los dictados del cerebro, se pisaban la palabra a mayor ritmo que el calzado sobre el adoquinado de la calle. El libro, ignorado bajo el brazo y a la sazón «Celestina» del encuentro, aguantaba el entusiasmo, a la espera de una oportunidad de escaso futuro. Sin acuerdo previo la pareja había  otorgado el protagonismo a los recuerdos, a la infancia en el pueblo: “qué tiempos”; “a veces uno se equivoca”; “Maripi era un poco «lanzada»…
Quedaron para el domingo, comerían juntos. El  beso primero a la izquierda y luego a la derecha hizo escala; por un momento sus labios se encontraron a mitad del camino.

[…]

-      ¡Me gusta tu coche!
-      ¿Y yo?
-      No estás mal –dijo sin rubor.

Aparcaron en la explanada del soto, cerca del restaurante. Reservaron mesa, tomaron un «Martini» y se encaminaron a la ribera donde el cauce acunaba a las fochas.

-      ¿Te apetece un paseo? Hay tiempo.
-      ¡Estupendo! –y se colgó de su brazo.

Sentados al sol tras una mata acariciaba el tatto de su cuello, ella tomó  la iniciativa y empujándolo hacia el suelo deshacía la atadura de la camisa jugueteando con el vello de su pecho, él la dejaba hacer siguiendo el curso de la botonadura de su blusa hasta descubrir un sugerente «Calvin Klein» de encaje negro. Jugaban a los besos encadenados; a ser felices; a recuperar el tiempo perdido.

-      Tal vez ninguno de los dos escogió bien.
-      Tal vez, pero tiene solución.
-      Al fin no hemos hablado del libro ni me has dicho nada del tatuaje.
-      El libro ha sido el vehículo, el tatto una premonición, yo soy Escorpio.

Y la atrajo hacia sí sellando la respuesta con un beso en el cuello.

NOTA. Inicié el juego de este intento en cinco entregas con la mente puesta en mi infancia cuando encaramado a algo poco más que un bordillo decía: «Mira, mamá, ¡sin manos!».
A veces necesitamos mirarnos en el espejo y decir sin rubor ¡No estás mal!


jueves, 5 de octubre de 2017

PERSPECTIVA FEMENINA DE MARÍA DE ZAYAS


Clamor de multitudes y ríos de tinta propugnan cual bálsamo de Fierabrás, «diálogo», «habilidad», «mesura», «mano izquierda», «mediación», para los males de nuestra sociedad. El que leyere Novelas y Desengaños encontrará en el planteamiento feminista de María de Zayas el ejemplo a seguir para como reivindicar, con firmeza y elegancia, solución a situaciones escabrosas enquistadas en el tiempo.

Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.) afirmaba que la mujer es un «animal imperfecto», «un hombre mutilado», a su juicio, por tanto un ser no terminado, carente.
Castilglione (1478-1529) en el tercer libro de El Cortesano, explica: «el hombre es comparado a la forma y la mujer a la materia; y por eso así como la forma no solamente es más perfeta que la materia […] así el hombre es mucho más perfeto que la mujer».
Cervantes (1547-1616) contemporáneo de Zayas (1590-1647?) en El curioso impertinente dice por boca de Lotario: «mira amigo que la mujer es un animal imperfecto».

Cierto es que hay que situarse en la época para juzgar esta preeminencia masculino-patriarcal pero no lo es menos que la mujer del XVII seguía "ostentando" junto con la reproductora las funciones de hilar, bordar, cantar… y excluidas la escuela y la universidad. Como afirma María Teresa Cacho: «los hombres pensaban que era más fácil de guardar una mujer iletrada, y que las letras proporcionaban deseos de autonomía y libertad» (La educación femenina en el Siglo de Oro).

Desde este contexto los lectores de Novelas y Desengaños constatan como María de Zayas da una vuelta de tuerca a la superioridad masculina cuando asegura que los hombres se han situado al nivel de las mujeres afeminándose:

Pues ¿qué ley humana ni divina halláis, nobles caballeros, para precipitaros tanto contra las mujeres, que apenas se halla uno que las defienda cuando veis tantos que las persiguen? Quisiera preguntaros si cumplís en esto con la obligación de serlo y lo que prometéis cuando os ponéis en los pechos las insinias de serlo, y si es razón que lo que juráis cuando os las dan no lo cumpláis. Más pienso que ya no las deseáis y pretendéis sino por gala, como las medias de pelo y las guedejas. ¿De qué pensáis que procede el poco ánimo que hoy todos tenéis, que sufrís que estén los enemigos dentro de España, y nuestro Rey en campaña, y vosotros en el Prado y en el río, llenos de galas y trajes femeniles, y los pocos que le acompañan, suspirando por las ollas de Egipto[1]? (Desengaños, pág., 267).

Era difícil y escabroso pero lo consiguió, “solo” hacía falta la habilidad de la "Sibila de Madrid". ¡Qué no es poco!




[1] Se utiliza para recordar o referirse a tiempos o circunstancias pasadas y mejores:
Moisés trataba de mantener vivo el espíritu del pueblo y, a cada paso, hablaba de la tierra prometida. "Ojalá hubiéramos muerto a manos de Yahvé en tierra de Egipto, cuando nos sentábamos en torno a las ollas de carne y comíamos pan en abundancia”.

lunes, 2 de octubre de 2017

UNA PÁGINA MÁS IV


“Y cuando descubrimos que SÍ hay quién nos quiere […] la vida te necesita […] el mundo necesita tu vida…”.

-      ¿Y si fuera él quién me necesita?
-      O soy yo la necesitada.
-      ¿Qué pensaría si me ve así?

El sol de la tarde proyectaba sobre la pared los destellos del vaso de tónica, con un sorbo menos, Rufo observaba indolente desde el alfeizar de la ventana, Eva se planteaba una duda razonable: té rojo, o ibuprofeno: Mejor ambas.

-      ¿Qué pensaría si me ve hecha un «trapo»?

Total había pasado una semana desde la paella; la jarra de cerveza en el camping y la charla, camino de casa, sobre Cicatriz, de Sara Mesa. El recuerdo de esa tarde suavizaba la resaca; los dos gintonic superaron su capacidad no estaba acostumbrada a beber, a lo sumo una «caña» o un vermú los domingos.
Desde el móvil el tono Digital bell le llegó como ampliado por un maléfico megáfono.

-      [¿¿¿]
-      Soy Ramón, ¿recuerdas?, nos vimos el pasado domingo en la «paellada».

Le costó reaccionar el «ibu», en seco, se estaba abriendo paso lentamente hasta el estómago y el té estaba aun demasiado caliente.

-      ¿Estás ahí?
-      ¡Oh! ¡Sí! ¡Perdona! Tenía la boca ocupada.
-      Qué inoportuno, casi te atragantas por mi culpa.
-      ¡Por favor! encantada, es un placer, tu dirás.

Le salieron los principios y dudó sobre lo procedente de la entusiasta respuesta, pero…, ¡que diablos! era verdad.

-      Te llamo por el libro del que hablamos, Cicatriz, si quieres puedo acercártelo.
-      Mejor mañana sábado ¿no trabajas verdad?, podemos tomar un café ¿te va bien?
-      ¡Perfecto! A las once en Sagitario.
-      De acuerdo, hasta mañana –dijo suspirando– había que ganar tiempo.

Sin actividad en los despachos cercanos, Sagitario era los sábados un café tranquilo, escogió una mesa lejos de la puerta, apta para una conversación distendida y esperó.

-      ¡Hola!

Dejaron volar un beso a la izquierda otro a la derecha, sin recato, con efusión.

-      ¿Cómo estas? ¡Qué cambio!
-      Bien, ¿Qué te parece?
-      ¿La verdad?
-      Por favor
-      Para mí, estabas mejor la semana anterior.
-  Para mí –pensó halagada– Lo suponía, es el recurso del pataleo, ya te contaré.
-      Cuando quieras y como quieras, no te sientas obligada. ¿Qué tomas?
-      Café con leche.
-      ¿Nada más? yo tomaré un pincho de tortilla, no he desayunado.
-      Que sean dos.
-      Si es tan amable, dos con leche y dos pinchos de tortilla. ¡Ah! y dos zumos de naranja.
-     Te cuento, el cambio es la consecuencia de una rebelión, obedece a la rabieta de un fracaso. Conoces algunas líneas del libro de mi vida, pero hay más.
-   Claro que habrá más y algunas si escribir. Confidencia por confidencia: Carlota y yo decidimos darnos «un tiempo», frase hecha prólogo de la ruptura que a no dudar llegará. Espero y deseo que sea civilizada.
-      Me extrañó verte solo y que me acompañases toda la tarde ¡me hizo mucho bien!
-      La necesidad era mutua.

Silencio y sonrisas. El desayuno toma la mesa. Fortuitamente, dos manos se encuentran en el azucarero.

-   Mi relación con Carlota empezó bien, como todas, éramos muy jóvenes, trabajábamos los dos, vinieron los chicos, la hipoteca, vacaciones en la playa, obligaciones repartidas…, todo muy programado, hasta los afectos. Los chicos se hicieron mayores y el esquema se rompió. La relación costumbrista pasó a comercial. Los encuentros, exiguos y de compromiso coincidían con sus eventos: “cariño, el club organiza un viaje cultural este «finde», volveré el domingo”. A la vuelta: hola, estoy muy cansada. En la cama, como si estuviera acostada con su suegra.
-      Los hombres la mayor parte de las veces no comprendeis bien la sensibilidad de las mujeres, son muchos nuestros días malos y a veces os poneis obsesivos, a lo bruto, con demasiado vigor.
-    Puede ser, concedido, pero esa misma actitud se aplaude en una primera etapa, se soporta en la segunda y finalmente se raciona, esto ocurre en muchas relaciones y los personajes de la tragedia siguen siendo los mismos. Bueno, quizá no, la evolución también cuenta.
-      Pero,esto es válido para todos ¿no?
-      Por supuesto, pero... hablemos del libro, tanto charlar y al final me lo llevaré a casa, me lio yo solo.
-      De camino si no te importa, se ha hecho tarde.


Tarde para qué –se preguntó– y es que habían vuelto a salirle los principios.

lunes, 25 de septiembre de 2017

UNA PÁGINA MÁS III


Repantigado en el respaldo del sofá, Rufo abrió, solo un momento, alternativamente los ojos; no se le daba un ardite el nuevo look de ella.

 -¡Gato tonto, algún día saldrás por la ventana!

- Ramón es un hombre equilibrado donde los haya –pensó– “el problema está en que dejemos de querernos”, pero claro, desde fuera las cosas se ven como en el teatro. ¿Qué pensará si me ve así?

Ciertamente no se refería a los tejanos viejos, las zapatillas de deporte o el tattoo, la fragancia de dos gintonic con twist de cítricos había tornado la mirada de rabia en la sonrisa bobalicona que ahora le devolvía el espejo, “hay algo de indefinible en el placer del primer sorbo” –apuntó el barman.

 -Claro que más tonta fui yo, Ana Julia que otra cosa no tendrá, pero tonta no es, ya me lo advirtió: “tu marido es un picaflor” y yo que nada, que era la puñetera envidia. No, si mamá que para todo tenía ojo decía en ocasiones que el que siembra vientos recoge tempestades, pero qué quieres, yo estaba enamorada y que el “tío” estaba muy bien, bueno, y está, que lo cortés no quita lo valiente. Bien mirado, tan tonta no soy, lo que pasa es que tengo principios y los principios, ya se sabe, son sagrados, ¡si yo hubiera querido! Con cualquiera –es un decir– sin ir más lejos con Luis, el pasante  de la notaría cada vez que me ve se le van los ojos, sobre todo si llevo la blusa estampada que clarea la punta de los senos, si coincidimos en el ascensor me dice que mejoro con la edad como el buen vino, me sofoca aunque me gusta. Y muchos más, no creas, pero una tiene principios que, dicho sea, hoy son un  estorbo. No, si algo barruntaba yo, en la noche sin ir más lejos últimamente ni caso, antes cuando le convenía al señorito; que no es que eso me resuelva la vida y tú lo sabes, pero algún detalle…, claro, para eso tienes a la pelandusca! ¿Recuerdas? “esposa te doy y no sierva”, dijo el curilla, pero el día que os casáis, hacéis el negocio del siglo: esclava y concubina para toda la vida. La mujer, libre, lo que se dice libre, ni un minuto, a lavar calzoncillos y trabajar como una burra, es su obligación ¡Qué bien! Luego viene la pelandusca y a vivir la vida, sentada en un queso y mordiendo de otro. Nunca me llegué a creer lo del viaje de trabajo “es un simposio de fin de semana, no se pueden perder días de labor” ¡hipócrita! “al terminar una cerveza, una tapa y cada uno por su lado". ¡Y una mierda! ¡Ja. Ja! No, si Ana Julia tiene razón, esa tiene más conchas que un galápago. Recuerda: quien siembra vientos recoge tempestades.


Rufo perdió el equilibrio de un manotazo, tendida en el sofá se despachó una tónica, esta vez «sin refuerzo». No estaba el horno para bollos. 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

UNA (otra) PÁGINA MÁS II


Decidió quererse apasionadamente, renunciando a todo sin renunciar a nada; rebelarse contra todo y contra todos; nada de desaparecer sin dejar huella, mejor ser cada día más visible. Apretando los puños corrió hacia el escritorio.

 -Diario de mierda, no te escondas ¡te encontraré!

Cobijado entre los pliegues de la funda nórdica un diminuto candado con forma de corazón señalaba el objeto del deseo: un diario de pastas duras contenedor de confidencias, años de suspiros anhelos y conformismos de una vida «normal» que impulsado por la rabia salió despedido por el balcón encontrando asiento en el solar próximo, la limonada con hielo no corrió la misma suerte: acabó refrigerando la maceta del ficus benjamina.

 -Mariconadas las justas mejor algo más fuerte, pero primero una ducha.

El teléfono había sonado minutos antes.

 -¿Sí?

Al otro lado la voz de Sandra, excompañera de colegio y ahora su jefa de equipo que le procuró el empleo, no gran cosa, pero suficiente para «ir tirando».

 -Mañana te tomas el día libre a cuenta de vacaciones y el lunes vienes a por el finiquito, la dirección no está contenta con el proyecto y lo va a encargar a una consultoría.

Tiró el móvil en el sofá. No podía reaccionar. Tras la huida de su marido y la marcha de su hijo, había optado a ese puesto superando el periodo de prueba no solo como realización personal, había que pagar los gastos del mes. Su cara preguntó al balcón por donde desapareció el cuaderno de pastas duras y candado de corazón, la camiseta de estar en casa voló hacia Rufo, el gato siamés, los «crocs» se estamparon contra la pared, la braguita blanca hizo bandera con la lámpara del pasillo, como pidiendo paz y Eva gritó. La ducha disolvía las lágrimas, pero no la impotencia.

 -Mi «ex» metiendo mano a la pelandusca, mi hijo con la putita y yo aquí, sola y sin trabajo.
 -¡¡¡ Por qué a mí !!!
 -¡¡¡ Por qué ahora !!!
 -Hasta que la muerte os separe, dijo el curilla.
 -¿De qué sirve una vida de entrega?

Y decidió ser cada día más visible; rebelarse contra todo y contra todos. Embutida en unos tejanos viejos, se calzó los deportivos rojos que nunca usó, camiseta de tirantes y se tiñó el pelo de caoba rabioso. Rufo, impertérrito bajo el sofá, seguía la escena hasta que la puerta se cerró de un portazo.

 -Quiero que me tatúes un alacrán aquí, en lo alto, para que se vea con cualquier escote.
 -Escorpión, querrás decir.

 -Es igual, son venenosos ¿No?
 -Eso dicen, pasa dentro de media hora, estoy terminando un trabajo.
 -Justo para un «pelotazo» con soda. ¿Tienes fuego?
[…]
 -¡Gracias! ¡Chao!

El cigarrillo le hizo toser  dos veces.

martes, 12 de septiembre de 2017

UNA PÁGINA MÁS


Nos conocíamos como se conoce la gente de una población menor: de la salida de la iglesia en alguna celebración, el aperitivo de los domingos o como ahora, en una de esas degustaciones multitudinarias por lo gratuitas en las fiestas del pueblo. Estábamos en un rincón, lejos del mundanal ruido.
 -¿Quieres un plato para ir por la paella? He traído dos por si acaso.
 -¡Vale! No pensaba ir, pero si me acompañas, acepto.
 -¡Claro!
Y así nos re-conocimos y surgió la «química», el feeling. Ya en la fila, con el plato prestado en la mano la identificación era necesaria:
 -Me llamo Ramón ¿y tú?
 -Yo Eva.
Conocer la razón de cada uno, la necesidad de desahogo, o tal vez estar en la frontera de la angustia, cualquiera, o todas ellas, fueron la llave para que el diario de la confidencia abriera sus páginas.
 -Créeme: hay épocas en las que todo, todo, parece carecer de sentido, es como si subiendo una pendiente al llegar al rellano viniera otra y otra y otra más. Y sigues subiendo encadenando punzadas y ahogos que te superan, que te angustian y te vas sintiendo más y más vulnerable; miras atrás y solo ves fragmentos de una vida fracasada que no compensa, que no hay razón para ser feliz.
 -La vida es desconcertante, a veces injusta –dije– sin querer profundizar en nada más que en el brillo acuoso de sus ojos.
 -La mía es una página más en la historia del pueblo, una página que procura –no sé por cuanto tiempo– mantenerse oculta o al menos borrosa. Mi marido tiene otra relación, mi hijo se ha liado con una de dudoso futuro mayor que yo, a mí se me acaba el contrato y la empresa va mal. La vida es un regalo muy raro.
 -La vida es un milagro, desconcertante a veces injusto otras, que discurre por un río de lágrimas pero no deja de ser un  milagro, el problema está en que dejemos de querernos y solo confiemos en que alguien nos quiera y cuando descubrimos que sí hay quien nos quiere pensamos que no lo merecemos porque la soledad es nuestra, que para eso nos la hemos ganado. Queremos desaparecer.
 -Pero…

 -Espera. La vida te necesita, necesita tu voz, tu aliento, tu existencia, sin ellos estaría incompleto el mundo, cada uno de nosotros es algo irrepetible por insignificantes que nos creamos. El mundo necesita tu vida, tu trabajo, tu presencia para seguir siendo mundo. La vida como dices es un regalo, puede que a veces no sea ni el deseado ni hermoso, pero seguro que siempre se puede vivir hermosamente.

sábado, 9 de septiembre de 2017

AÑO SABÁTICO.


La vida viene a ser como un camino por el que vamos dejando vivencias y recuerdos, desdibujados muchas veces, que el tiempo y nuestra circunstancia se encargan de «aggiornar» o relegar confusos y desordenados a uno de los desvanes de la memoria.

Abandonada la infancia de pan con chocolate, juegos en la calle y escuela de enciclopedia y puntero, nos encontramos solos en la competición adolescente sin meta definida con la ilusión de triunfar en todo: sobrepasar el bachillerato y hasta el C.O.U., si se tercia, en caso contrario queda la Formación Profesional o el trabajo puro y duro como alternativa a la universidad.

Luego viene la firma del primer crédito, hipoteca, o vaya usted a saber; con ello nos convertimos en actores de una comedia que termina muchas veces sin aplausos tras numerosa subidas y bajadas de telón. Transcurridos más años (muchos) sin abandonar el escenario cambiamos el decorado, creemos estar solos y nos planteamos un nuevo futuro sin afán de protagonismo ni triunfo. Digo mal. Triunfo sí. Queremos el triunfo de vivir con un punto de libertad que puede buscarse jugando al mus, la tuta, los bolos o la petanca; caminando día sí y día también  hasta el árbol número ¿…? de nuestro paseo favorito, practicando un deporte permisible, o ampliando el currículo cultural – que de todo hay.

De pronto, un día, te preguntas si no hay en todo esto un tanto de individualismo, de egolatría, si llevado por el entusiasmo no has aparcado en el camino por le plaisir de la découverte, la atención debida a quién, sacrificando buena parte de su merecida realización personal aplaude «tus logros».

Ese día, aprovechando la caída de telón es el momento de saltar del escenario, tomar de nuevo la senda abandonada, reponer parte de las atenciones debidas a quien te sirvió de apoyo, de tomar -si es preciso- el jardín al asalto y cultivarlo de nuevo. De iniciar un año sabático..., en compañía. 

domingo, 13 de agosto de 2017

PÁGINA EN BLANCO


En Chicos revista infantil española publicada entre 1938 y 1955 –época dorada del tebeo español– uno de los personajes de cuyo nombre no puedo acordarme, decía «lo veo todo claro». La viñeta siguiente estaba en blanco con una nota aclaratoria «Explicación para niño tonto: esta viñeta está en blanco porque el inspector lo veía todo claro».

En estos días previos al síndrome postvacacional en que las redes sociales venidas a publicación periódica rebosan de imágenes (viñetas) lúdico- placenteras, en estos días, me asedian las páginas en blanco; caminan junto a mí. Se sientan conmigo cuando en la sombra del castaño busco refugio. En el duermevela de la siesta agostera me sonríen burlonas y como perro fiel y obstinado me siguen en el paseo vespertino pidiendo –sin resultado– un garabato.

Es una sensación estacional, un espejismo, un azar, no la antesala del olvido o el anuncio de un desahucio.


Hoy, sin saber por qué, he atrapado a una de mis perseguidoras emborronándola con un ¡hola, hasta pronto! Tal vez en unos días lo vea todo claro.

martes, 25 de julio de 2017

DEJAR DE QUERER.


En este vivir globalizado y competitivo se nos está olvidando perdonar y ya solo practicamos con asuntos cotidianos de poco nivel. Amar. ¿Qué es amar? Erich Segal en el «superventas» Love Story (1970) decía: Amar significa no tener que decir nunca “perdón”. No suscribo literalmente la frase, pero sí quiero creer que pedir y otorgar perdón es una manera de amar.

Libertad. ¿Qué es la libertad? El Diccionario Español de la Lengua tiene hasta doce acepciones de Libertad. El velero llamado Libertad cargado de desamor –esa cosa tan frecuente hoy posible consecuencia del amor malentendido malinterpretado y posesivo de ayer–atraca cada vez con más facilidad en la isla de nuestras vidas, pero la libertad en sí misma tampoco puede ser la causa. Me pregunto por qué parejas abrasadas de amor un día apagan la llama. Me niego a creer en la conveniencia, el cansancio, la costumbre o el tiempo. Me preocupa la urgencia. Por qué se deja de querer un día. Por qué ya no es posible demostrar cariño.

Levantamos barricadas de silencio cimentadas muchas veces en una sola palabra inoportuna, en un malentendido al que el orgullo niega perdón; pasamos del “sí cariño” al “¿perdona?” inquisitorial desembocando en un buenos días sin respuesta y del café para dos a una taza de «soluble». Acusamos falta de perdón, es cierto, pero, tal vez la respuesta esté en Neruda: Yo la quise, y a veces ella también me quiso […] Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.


Fragmento del Poema 20, Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada de Pablo Neruda.

domingo, 9 de julio de 2017

PORQUE TODO ES IGUAL


A veces, algunas veces, pocas y fugaces, sentimos la necesidad de cambiar el sentido de nuestra vida, de actuar sin red ni espectadores. En ese corto espacio de tiempo, soñamos ser uno mismo apostando por otras formas de vida. Parece imposible –pero así es– que cueste tanto apartarse de la corriente tentadora y fácil de lo cotidiano, el paso del tiempo moldea nuestra vida cuando tendría que ser esta la que se adaptase a nosotros siquiera un poco, dejándonos con nuestros errores, sueños e ilusiones. Pero no. Cuando intentamos salir del guion, nos señalan el espacio que tenemos reservado y la nave de nuestra ilusión hace agua.  En este punto, pensamos que es una (otra más) batalla perdida. Pero tampoco. En esas ocasiones, pocas y fugaces en las que en la casa encendida comprobamos que todas las cosas están exactamente colocadas donde estarán dentro de un año, justo entonces, debemos arrinconar miedos, abandonar monotonías de vida aburrida, reuniones protocolarias, rincones favoritos, indumentaria convencional, relaciones impuestas…, cruzando aun contra corriente, a la orilla opuesta en busca de la luz. Solo así podemos salvarnos. Porque todo es igual y tú lo sabes.

Porque todo es igual y tú lo sabes,
has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta
con ese mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas como estarán dentro de un año;
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.


Fragmento de La casa encendida, de Luis Rosales.

lunes, 12 de junio de 2017

COMEDIA Y TRAGEDIA


Lo compartían todo, bueno, todo no. Había que aprovechar «el tirón», ampliar, seguir la estela de Inditex; vender, vender y vender, y ya se sabe, los negocios de por sí muy absorbentes, dejan poco espacio al corazón y el amor muere por inanición. Al final de cada jornada, cuando la calma llegaba, las palabras solo eran letanía de trabajo, sin darse cuenta, la grieta se hizo foso y el escudo salvador de la fatiga generó silencios cada vez más prolongados que, alguna vez, solo alguna, rompían en conversación  distante, convencional, fría y hueca más cercana a manual de diplomacia que a calor de pareja. Y así, partiendo de un mismo punto, como las ondas que produce la piedra en el estanque, el espacio entre ellos se iba haciendo mayor.


Era la hora en que los niños juegan llenando con la alegría de sus gritos la calle encorsetada en sus prisas, en la que grupos de jóvenes carpeta con apuntes en una mano y prótesis celular en la otra, comentan los primeros exámenes sobre la alfombra verde,  las fachadas maquilladas de ocaso devolvían –acumulador natural– el calor recibido. A esa hora, espantando con sus pasos palomas que solo en caso de máxima urgencia dicen adiós batiendo las alas para caer sobre la farola más próxima, en  esa u otra calle cualquiera, mirando sin ver, oyendo solo el eco de sus propias pisadas sobre el asfalto contra la pared teñida por el sol de la tarde luchó con su pensamientos varias horas hasta tirarlos en el cauce cercano.


El verano, como siempre, dio paso al otoño, las reuniones sociales cada cual con su cuadrilla (las mujeres solo hablan de trapos y los hombres de futbol) solo prolongaron la agonía. Nos vamos a dar un tiempo –dijeron– y marcharon cada uno por su lado. Al principio el teléfono con más formulismo que entusiasmo tendía puentes sobre la distancia:

- ¿Cómo ha ido el día? Que descanses.


Luego fueron los WhatsApp llenos de buenas intenciones y no pocos reproches. Algunas veces –pocas– se reencontraron en la cafetería camuflando la realidad con sonrisas inútiles. La brisa terminó por hacerse huracán y sus vidas se alejaron sin estrépito de un espacio que no era de nadie. Hubiera resultado inútil todo intento por rellenar el valle que los separaba. Ya era tarde, en el último encuentro ni siquiera se habían despedido. 

Imagen: Christos Georghiou